Revista literaria avant la lettre

Joaquín: idea para una serie

Le cuento: la serie se llama Joaquín y va sobre un detective privado, Joaquín. Pero no es un detective privado cual­quiera: bebe mucho café y no tiene móvil. Es un excén­trico. 

Joaquín tiene un ayudante más joven, Joaquín. Este ayudante es abogado y le envió el currí­cu­lum creyendo que Joaquín, el detective, era abogado y no detective. Y suelen trabajar con una ins­pec­tora de la policía, Joaquín, que les pasa los casos que los policías de verdad no pueden resolver. 

El episodio piloto comienza con la muerte de Joaquín, un empre­sa­rio madrileño. Todas las sospechas caen sobre su esposa, Joaquín. Joaquín, la mujer, quería el divorcio, pero tenía un contrato pre­nup­cial que la dejaría sin un euro. También se sospecha del socio de Joaquín, el muerto y no la mujer. El socio, que se llama Joaquín, quería hacerse con el control de la empresa. Pero Joaquín, hermano de Joaquín el muerto, no de Joaquín la mujer ni de Joaquín el socio, odiaba a Joaquín el muerto, porque se acostó con su novia de la facultad, la hermosa Joaquín…

Sí, sí. Todos los per­so­na­jes se llaman Joaquín.

A ver, es para darle vero­si­mi­li­tud a la serie. ¿No se ha fijado en que todo el mundo se llama diferente en las series y en las novelas? Nunca hay dos Sergios o dos Anas. Todos tienen un nombre diferente, como si eso pasara en la vida real.

Pues será para no liar, pero no hay quien se lo crea. Por ejemplo, el otro día estaba viendo Doce del patíbulo. Y los doce tienen nombres dife­ren­tes. No hay dos que se llamen John o Peter, que sería lo normal. En mi clase éramos dos Jaimes, por ejemplo. Pero no, de los doce no se repetía ni un solo nombre. Qué ridículo. Qué falso. Qué de cartón piedra. Eso me sacó de la película por completo.

Se lo juro.

Estaba enfa­da­dí­simo, gri­tán­dole a la tele: «¿Pero quién puede creerse que se junten doce personas y todas tengan nombres dife­ren­tes?». Es que hay uno que se llama Max. Eso es nombre de perro. Los guio­nis­tas se quedaron sin ideas, claro. ¿Cómo se te van a ocurrir doce nombres dife­ren­tes? Al final ya sueltas lo primero que se te viene a la cabeza: Eustaquio, Olegario, Max… Entre eso y que mi mujer estaba haciendo las maletas para largarse con su profesor de tenis, no pude ni acabarla.

Ni clásico ni hostias. Eso no hay quien se lo crea.

Tienen que ser todos. No vale con que haya dos o tres Joaquines. 

Claro, porque si en la serie todos se llaman Joaquín, hacemos la media y compensa. Me explico: ahora mismo, la media de nombres que se repiten en las series de su pla­ta­forma es cero. O cero coma poco. Si añadimos los cientos de nombres que se repetirán en Joaquín, la media subirá a uno coma siete, según mis cálculos y si me compran ustedes las cinco tem­po­ra­das que tengo pensadas. En con­se­cuen­cia, su pla­ta­forma tendrá, de media, las series más realistas de la historia. Los espec­ta­do­res verán Joaquín y, de media, dirán: ESTO ES, DE MEDIA, COMO LA VIDA MISMA.

Los per­so­na­jes femeninos no se pueden llamar Joaquina. Ese nombre es absurdo. Joaquín.

Sí, el profesor de tenis y actual prometido de mi futura exesposa se llama Joaquín. Pero es casua­li­dad, ya tenía la serie escrita. Para que vea lo realista que es.

No, no. Yo soy Jaime.

Sí, yo inter­pre­ta­ría a todos los per­so­na­jes.

Si los eje­cu­ti­vos a sueldo de los bancos me obligan a meter a un solo Antonio, quemo el edificio y luego me pego un tiro en la boca.

Exacto, el ayudante podría largarse a ejercer de abogado en un spin-off. Que se llamará Joaquín.

Podríamos empezar a rodar en febrero.

Perfecto, pues muchas gracias.