Revista literaria avant la lettre

Entrevista infame al escritor Enrique Vila-Matas publicada en la revista del colegio «Infant Jesús» que el autor concedió por compromiso al hijo de un amigo suyo, arrepintiéndose luego muchísimo e intentando evitar su difusión por todos los medios a su alcance

—Hola Enrique. Gracias por querer contestar a esta entre­vista.

De nada, un placer.

—¿Tus amigos te llaman Enrique o Kike?

Siempre me han llamado Enrique.

—¿Te ponían apodos graciosos en el colegio por ser gordo?

No. No era el gordo de la clase ni nada por el estilo. De hecho, de joven cultivaba cierta estética «dandy».

—¡Ala! ¿Con gorro de vaquero y chaleco de cazador de coco­dri­los?

No, me refiero a la estética de «gentleman», un poco al estilo de Tristram Shandy.

—Como Shandy Cruzcampo.

Se escribe igual, sí.

—Oye, ¿y crees que eres gordo porque trabajas todo el rato sentado delante de la máquina de escribir?

Procuro cuidarme más ahora. Hace unos años sufrí un colapso renal muy grave y este episodio aparece pre­ci­sa­mente en uno de mis libros, Explo­ra­do­res del abismo. Aunque no es el tema central, sí exploro en él mi abismo par­ti­cu­lar, el cambio que la enfer­me­dad provocó en mí como persona y también como escritor.

—Explo­ra­do­res del abismo. Si no estu­vie­ras gordo, ¿te gustaría hacer escalada?

No, no es un tema que… lo del abismo va por otro lado.

—Tipo metáfora.

Sí.

—Pero de qué.

Bueno, abordo el tema desde distintas pers­pec­ti­vas. El abismo puede ser la muerte, por ejemplo. El abismo defi­ni­tivo al que se enfrenta la condición humana misma.

—Mal rollo. Volviendo al tema de antes: dicen que eres un gran bebedor. ¿Por eso estás gordo y casi te mueres?

No soy un gran bebedor pre­ci­sa­mente desde el problema de salud que tuve en su día. Es un tema que vigilo mucho ahora, he cambiado mis hábitos.

—Mi padre me contó que te había tenido que recoger del suelo muchas veces.

Hace tiempo ya que he cambiado de vida y los excesos quedaron atrás en gran medida.

—Bueno. ¿Cuál es tu libro favorito?

No podría contestar a eso citando un solo título. Hay un conjunto de influen­cias, no es cuestión de hacer un ranking porque pecaría de simplista.

—Pero de los libros que has leído, ¿cuál te ha gustado más?

Mira, ya que insistes, es justo decir que Travesía del horizonte, de Javier Marías, tiene algo que ver con mis moti­va­cio­nes para dedicarme a escribir. Porque mis intereses iniciales se centraban sobre todo en el cine.

—Ah. ¿Te mola ir al cine?

Es curioso que preguntes eso porque a prin­ci­pios de los ochenta, cuando tú aún no habías nacido, publiqué una antología de relatos que se titula Nunca voy al cine. Algunos de estos relatos reapa­re­cen, de un modo u otro, en Explo­ra­do­res del abismo. El caso más claro es el inicio de Así son los autistas, por ejemplo, donde recupero lite­ral­mente el arranque de otro texto anterior.

—¿Y cómo son los autistas?

Te animaría a leer el relato antes de seguir hablando de este tema. Si no, es difícil que nos enten­da­mos.

—Jaja, sí hombre. ¡No puedo ahora! Pero sigamos con el cine y los libros. ¿Harry Potter te gusta? ¿Lo has leído?

No, lo cierto es que no.

—Ya. Es un libro gordo y te da pereza.

Mis intereses van por otro lado.

—¿Pero las pelis las has visto o no las has visto?

No, no me interesa Harry Potter.

—¿Pero cómo sabes que no te gusta si dices que no has visto las pelis ni nada?

Mi lite­ra­tura bebe de otras fuentes.

—Del alcohol, ;-)

No.

—Sigamos. ¿Qué música te gusta?

No sé, no…

—Estás sudando. ¿Quieres beber? ¿Quieres una Shandy? Dime un disco o algo que te guste, va.

Bueno, una de mis obras recientes se titula Aire de Dylan. Bob Dylan es para mí el paradigma del artista moderno. También me gusta mucho Van Morrison.

—¿Qué rollo es? ¿Rollo antiguo también?

Búscalo en Internet.

—Joder. Bueno. ¿Y te pones música cuando curras o te distrae?

Suelo escuchar a Van Morrison mientras escribo. Lo pongo en YouTube y lo dejo en segundo plano.

—Ala tío. Música en YouTube es un poco cutre, ¿no?

Son hábitos.

—¿Pero por qué no usas Spotify?

No me interesa. No lo uso y ya está.

—Oye, ¿y cómo te llamas de verdad?

¿Qué quieres decir?

—Lo de Vila-Matas, digo. Que cómo es de verdad.

No es ningún pseu­dó­nimo.

—Bueno, pero digo que cómo es tu apellido real.

Te lo acabo de decir, niño. Vila-Matas es el apellido real.

—Ala. ¿Y no tienes «nick» ni para comentar en Internet ni nada?

No. No comento en Internet.

—Joder. ¿Pero si te tuvieras que poner uno cuál sería?

Mira, no lo sé. No me queda mucho tiempo, creo que lo tenemos que dejar aquí.

—¿Villa­ki­ller?

No sé, no…

—¿Kike­Ki­ller?

(…)

—Will-A-Matas.

(…)

—Henry­Ki­ller.

(…)

—Willa­ki­ller.

(…)

—Bueno, pues podríamos seguir mucho más rato pero tengo gimnasia. Muchas gracias por contestar a la entre­vista. ¡Y a seguir escri­biendo!

Gracias a ti. Hasta luego.

—¡Hasta luego, Killer­vi­lle!