Revista literaria avant la lettre

Diario personal del robot limpiasuelos iRobot Roomba 630

Día 1.
Salgo de la caja, me ponen en el suelo… He tenido que recoger yo mismo los cartones del envol­to­rio. Mi empla­za­miento es un pequeño cuarto con trastos. Es angosto pero agradable. Inco­mo­di­dad e ilusión a partes iguales. ¿Era un trozo de pizza lo que había bajo el sofá?

Día 2.
Mi primer viaje hacia el otro lado del pasillo ha revelado que el piso es extra­or­di­na­ria­mente grande y está extra­or­di­na­ria­mente sucio. Con ánimo de impre­sio­nar, he querido poner a prueba mi capacidad de succión y recorrido orde­na­da­mente todas las habi­ta­cio­nes en un armonioso zigzag. Nadie ha dicho nada, imagino que el silencio es su mayor muestra de respeto hacia mi trabajo. Cansado y satis­fe­cho tras casi dos horas de trabajo he vuelto a mi rincón. Pese a la tran­qui­li­dad por el trabajo hecho, insomnio y parpadeos hasta altas horas de la madrugada.

Día 3.
¿He acabado en un piso de estu­dian­tes? Espero que no, por Dios bendito, pero la cantidad de suciedad nueva que me he encon­trado por la mañana me hace temer lo peor. Cierta desazón.

Día 4.
O sea, en serio, ¿esta gente cómo puede vivir así?

Día 6.
El gato (defi­ni­ti­va­mente hay un gato en algún sitio) ha dejado “algo” en el pasillo. Podrían ser heces o restos de comida, pero deci­di­da­mente es algo que procede de un gato. Me he desviado un poco para esqui­varlo, no tenía fuerzas para mirar. Mala con­cien­cia por ello hasta bien entrada la noche.

Día 23.
He leído algunos pros­pec­tos encon­tra­dos bajo el sofá. Largo paseo tranquilo sin inci­den­cias. Ahora des­can­sando y recu­pe­rando fuerzas. ¿Quién sería capaz de ver esto desde arriba, del principio al fin, con los ojos abiertos?

Día 28.
El gato se ha pre­sen­tado al fin: se llama Pastrami. Hacía días que me venía obser­vando desde lejos, lan­zán­dome bufidos, así que el cambio resulta agradable. Luego se ha subido encima mío y me he visto obligado a llevarlo a cuestas, espero que no se convierta en una costumbre. ¿Dema­sia­das con­fian­zas? Creo que mañana intentaré evitarlo.

Día 31.
Empiezo a sospechar que fui un regalo del banco al abrir una cuenta corriente o algo así. Apenas se me presta atención. Me da la sensación de que molesto o de que nadie se da cuenta de que el suelo está más limpio. Hoy me han lanzado unos cacahue­tes al suelo para que los recogiera entre risas como un animal de feria. Cla­ra­mente esto es un piso de estu­dian­tes, lo que explica que mi vida haya sido un tormento hasta ahora.

Día 35.
Olvidar todo. Mirada fija en el suelo. Uno ve solo vacío, busca en todos los rincones y no se encuentra a sí mismo.

Día 52.
A pesar de mis dolores de cabeza por culpa de los golpes que me doy contra los muebles algo me empuja a cumplir con mi deber aunque en el fondo desespere por quedarme en mi sitio sin salir. Pocas fuerzas hoy para entrar en la cocina, quizá mañana.

Día 53.
Estoy des­bor­dante, lite­ral­mente, de mierda.

Día 57.
Nuevo gato. Más pelos. Se llama Leo. Con qué frialdad he estado jugando con él esta tarde: me resultaba repelente y estúpido.

Día 63.
Migas. Abu­rri­miento. Pocos retos y aún menos ambición. Rutina.

Día 74.
Ronda de rigor salvo que al llegar al salón ni siquiera se han molestado en levantar los pies para dejarme aspirar. Tras cinco golpes en los tobillos me han dejado recoger las migas del suelo. Al marcharme he podido oír cómo abrían un paquete de pipas. No he querido mirar atrás. Cuando me había alejado unos metros uno de ellos me ha lanzado una manzana que me ha golpeado con fuerza en la espalda. He podido oír un crujido. A partir de ahora saldré cuando no haya nadie en la casa.

Día 78.
Largos paseos con Pastrami por el pasillo mientras me golpeaba contra las paredes. Gran interés de ambos en algunas cues­tio­nes con­tro­ver­ti­das. Tarde agradable a pesar de todo.

Día 82.
Completa inuti­li­dad. Domingo.

Día 91.
Me vuelva donde me vuelva, la suciedad me rodea. Apenas soy capaz de recogerla ya dado que, lite­ral­mente, no puedo seguir tragando esto. Ojalá alguien me vacíe la bolsa pronto.

Día 95.
No me he cruzado con Pastrami en todo el día. Espero que no esté enfadado por el hecho de que le recogiera toda la comida que tiró el suelo ayer. ¿Lo he echado de menos? No soy capaz de decidirme.

Día 105.
Esta mañana, un poco mosqueado aún por el hecho de que el gato se haya llevado todo el mérito de nuestro hilarante hit de Internet «Cat on a Roomba So Funny» he escrito «OS ODIO» en el suelo del salón. Animado, también he dibujado unos penes. Espero que nadie lo vea.

Día 124.
Los últimos tiempos, innu­me­ra­bles, casi inin­te­rrum­pi­dos. Paseos, noches, días, incapaz de nada, excepto de dolores. Cada vez más angus­tiado.

Día 395.
Hoy, en un descuido, se han dejado la puerta abierta. He con­se­guido salir del apar­ta­mento. Había escaleras. Quería continuar y dejarme caer, pero mi cuerpo, cada vez más ajeno y extraño a mí, no me ha res­pon­dido y ha dado la vuelta de regreso al pasillo. Estoy atrapado aquí dentro.