Revista literaria avant la lettre

Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer.

Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Veamos: hoy he comido albón­di­gas. No. Eso fue ayer. ¿O quizá anteayer? Ni idea. Lo que es seguro es que mamá estaba viva, porque ella también comió albón­di­gas. Lo recuerdo como si fuera ayer. De hecho, quizá fue ayer. Buf. A ver, si mamá comió albón­di­gas en la cocina conmigo, tenía que estar viva a la fuerza, eso es impe­pi­na­ble. O quizá murió mientras comíamos albón­di­gas. Eso sería raro, pero es posible. No me fijo mucho en las cosas. Las albón­di­gas estaban un poco saladas. No se lo dije a mamá. No quería ofenderla. Ahora ya no se lo puedo decir. Ayer por la mañana estaba viva. Vino en el coche conmigo y creo que miraba por la ven­ta­ni­lla. No lo sé a ciencia cierta. Estaba inten­tando con­cen­trarme en el artículo sobre los tipos de interés compuesto. Me distraía porque no paraba de suspirar. Tendré que volver a leerlo. Era un artículo muy intere­sante. En todo caso estaba viva durante el desayuno en el Círculo. Andrés se acordará. Es más obser­va­dor que yo para estas cosas. ¿Fue ayer o ha sido esta mañana? Maldición. Veamos. Andrés pidió huevos revueltos, un café americano y zumo de naranja. Mamá, estoy prác­ti­ca­mente seguro de que estaba allí, no sé qué pidió. Yo pedí lo mismo que Andrés, para que viera que estamos en el mismo barco con el tema de los fondos de rescate. Ha sido esta mañana, sí. Y… Tostadas. Creo que mamá pidió tostadas. Recuerdo que hacía un ruido muy des­agra­da­ble al mas­ti­car­las. Sí, lo recuerdo porque era tan molesto que tuve que levan­tarme de la mesa y alejarme para dejar de oírla mientras hablaba con Fede por teléfono. Espera. ¿Seguro? Hoy no he hablado con Fede, seguro, no, no, segu­rí­simo. Fue ayer que lo mandé a la mierda cuando me pidió los famosos docu­men­tos del Cabezón. Lo de la impu­tación del Cabezón fue ayer, claro. Que me llamó el fiscal y todo para avisarme cuando íbamos en el coche y le tuve que decir a mamá que dejase de can­tu­rrear no sé qué, porque se oía fatal. Claro. Pero entonces… ¿hoy con quién he desa­yu­nado? Mamá creo que estaba. Si estaba, estaba muy callada, lo que es de agradecer. Pues entonces ha sido con Enrique con el que he desa­yu­nado, claro. Sí. Que le he dicho que siga apretando, que al Pelele lo tenemos con­tro­la­dí­simo y entonces ha llamado Gumbau y me ha dicho que la concesión es nuestra y que se votaba hoy. Hoy. Claro. Entonces fue ayer que hablé con él. Sí. Es verdad. Ya me acuerdo. Que tuve que esperar a mamá, que siempre le da por ir al baño cuando nos estamos marchando. Entonces ayer por la mañana estaba viva. Luego tuve pádel con Albertito y la verdad es que no recuerdo si mamá estaba allí. No. Espera. Sí. Sí que estaba. Sí. Todo el rato mirando tras la cris­ta­lera, con la toalla en la mano. Quizá por eso me des­con­cen­tré y… No. No puede ser. Recuerdo per­fec­ta­mente la toalla azul que me dio, con la que me sequé el sudor después de machacar a Andrés. Lo recuerdo porque estaba áspera y pensé en decirle a mamá que, por favor, le echara más sua­vi­zante a mi ropa blanca. No se lo dije. Estaba de subidón porque había humillado a Andrés, pero entonces ha sido hoy. Claro. Ha sido un buen peloteo. La cara que ha puesto cuando le he dicho que me habían chivado que la Corp tiene la OPA sobre la mesa. Ja. Ha sido un golpe bajo, pero lo he dis­fru­tado y, claro, Albertito no ha rascado bola. No. ¿Qué me estoy perdiendo? Hoy tenía sauna, claro, claro. Dónde tengo la cabeza, por Dios. Que me llamó Martita ayer para confirmar la agenda y me pilló cenando. Ayer cené canelones, eso es indis­cu­ti­ble. Me los sirvió mamá, por lo tanto estaba viva. Supongo. Lo cierto es que cené a toda prisa porque tenía que llamar a Moncho. Quizá mamá murió mientras me veía comer los canelones, que, por cierto, estaban sosos. Tendría que habérselo dicho. Ahora ya es demasiado tarde. Si murió mientras yo estaba cenando, no me di cuenta, lo admito. Ayer fue un día de locos. Mientras comía los canelones a toda prisa (también estaban fríos, ahora que lo pienso), mamá creo que me hablaba, pero no estoy seguro. La verdad es que estaba mirando el teléfono, muy pendiente de las eléc­tri­cas. De locos. Mientras cenaba unos canelones bastante malos, mamá me hablaba de no sé qué, y yo solo podía pensar en que, entre bocado y bocado, me estaba embol­sando 10k en plus­va­lías. Y eso sin contar los divi­den­dos del trimestre. Ya le dije a Andrés que podía apretar tranquilo, que si nos tocan las pelotas, el Boca­chan­cla y la Tena-Lady están muertos, que acaban en Ferrovial como mucho, o sea que el Maromo iba a tragar, sí o sí. Un par de llamadas de Alfonso y a la oposición le faltó ponernos la alfombra roja. Les mencionas Abu Dabi y se hacen caquitas. Lo impor­tante es cuidar la cartera de los Grífols y, si Moncho mueve hilos, puedo quedarme con el 2,6% del tinglado de Montornés antes de la fusión y del rescate, eso se lo dejé clarinete al Guapetón cuando firmamos lo del AVE. Tengo a Moncho pillado por los huevos, por chapucero. No le conviene que Merche hable con la mujer del fiscal con medio sector díscolo del partido hasta el cuello de mierda, no se van a arriesgar a quedarse sin el sobrecito mensual, sobre todo después del pelotazo de Villa­cas­tín. Los van a empurar y lo saben, pero les da igual porque tienen munición para hundir hasta al apuntador. Menudos jefes. Quitando lo de mamá, un día redondo, macho. La paz que te da tener con­tro­lada la sala tercera del Supremo no te la da una madre. Tanto da. Igual­mente tendré que decirle a papá que mamá ha muerto hoy o ayer. Igual él lo sabe. No. Espera un momento. Papá murió en 2012. O quizá en 2011. No lo sé.